19 diciembre, 2011

Salinas y el atardecer mas recordado...


Foto: Angela Guichardo

Foto: Angela Guichardo

Foto: Angela Guichardo
Cada vez que salgo del trabajo que por lo general es casi cerca de las 6 de la tarde a veces más, voy muy pendiente de cómo será  el atardecer de cada día.  No recuerdo si ya les he contado el tremendo tropezón que me di por estar mirando hacia atrás mientras caminaba y contemplaba  el descenso del astro y su gama de colores naranjas y rojos que parecían sábanas que flotaban entrelazándose con las dramáticas nubes.

En esta época del año los colores de la puesta de sol son hermosos y deslumbran hasta al más distraído.  Hace ya un buen tiempo que fui a Playa Corbanitos en Baní  junto a unos amigos  y para ver  atardecer con nuestras cámaras montadas en los trípodes.

Fue tan grata la experiencia que desde entonces, cada vez que veo  el sol desde el edificio de mi oficina, la mente vuela hacía ese paradisíaco lugar, pero también corretea por Salinas, imaginando los hermosos reflejos que han de tatuarse en las aguas de sal.

Este domingo que acaba de pasar, mi sueño se hizo realidad y en compañía de amigos fotógrafos fuimos a ser testigo personalmente  de aquel fenómeno tan especial que nos seduce y hace que recorramos todos los kilómetros que sean necesarios para admirarlo.

Foto:Angela Guichardo
Como toda aventura, no dejamos de vivir momentos súper divertidos y a veces de aprietos que hacen más interesantes nuestros viajes.  Al llegar a Salinas decidimos hacer una “breve”  parada cerca del muelle. Esa “brevedad” se convirtió en la única parada para que hiciéramos en todo el viaje, puesto que las llaves del vehículo por accidente,  se quedaron dentro mientras cambiábamos unos lentes.

Ya se imaginarán! Casi todas nuestras pertenencias estaban dentro! Para nuestra suerte, había sacado mi celular y con él pudimos hacer  casi todas las llamadas que fueron necesarias para comunicarnos con mi amigo Ronaldo y posteriormente con el  personal  de asistencia del seguro de la Yipeta.

Foto: Angela Guichardo
Antes de eso, habíamos tratado algunos medios para que los seguros de las puertas subieran.  Mis compañeros, unidos en total sinergia concentraron todas sus fuerzas para hacer que las energías lograran un acto de magia tan ambicioso como uno de Las Vegas, pero esto nunca funcionó, así que no quedó más remedio que despertar del tonto sueño y esperar el rescate, una grúa y un taxi que nos llevaría de regreso a Santo Domingo.


Mientras llegaban por nosotros, tomamos las fotos del atardecer que por poco se nos pasa por estar concentrados en resolver lo de la llave.  También pasamos uno que otros pequeños incidentes,  como el de Martín, quien  al intentar caminar dentro de lo que es terreno de la mina de sal, se hundió en un lodazal bastante fresco y profundo que le dejó con un tremendo susto y  una bota negra como el petróleo hasta las dos rodillas.

Por mi parte, sufría que mi lente 18-55mm estuviera dentro del vehículo, por lo que no tuve más opción que tratar de tomar  fotos panorámicas con un 50mm y un 55-200mm.

De más está decirles que el cielo estuvo espectacular y que de repente el paisaje se tiñó de rojo, naranja y magenta…Hermoso!  Me sentí  muy privilegiada de estar allí y estoy segura que Sandra y Decia sintieron lo mismo.

Aunque seguíamos a la espera de nuestros rescatistas se hacía un poco tarde, pero estábamos tranquilos y confiados de que Papá Dios nos guardaba y tenía el control, además de que nos traería con bien a nuestras casas.

Foto: Angela Guichardo
Foto: Angela Guichardo
Nos fuimos a cenar al comedor de Doña Miguelina por recomendaciones de Martín que parece que tiene varios kilómetros recorridos por Salinas. Miguelina se apareció con una bandeja repleta de pescado y plátanos fritos con unos cuantos limones para dar el toque perfecto.


Foto: Angela Guichardo
Partimos hacia Santo Domingo en el taxi casi justo detrás de la grúa que transportaba  el “bebé”  de Sandra que iba llorando por su madre y con la alarma disparada y las luces encendidas, como gritando: “ Mamá, Mamá…a dónde me llevan?? Sniff sniff!

En el camino, en taxi fue nuestro estudio fotográfico y los flashes no descansaron, las risas no cesaron ni los intercambios de historias y cuentos.  La noche terminó brindando con nosotros y compartiendo una friísima botella de Fresita!



Que día!
Gracias Papá Dios!...Y gracias, muchachos!

1 comentario:

Estevez dijo...

Jajajaj Magiaaa, ábrete puerta! lol... Pero son experiencias!