25 abril, 2011

Dónde enterraron sus ideales?

Ayer visité una vez más la zona colonial, fui con unos compañeros en busca de algunas fotos religiosas por motivo de la semana santa y específicamente por la celebración del domingo de resurrección, acto cierra las actividades de la pascua.

Aunque el escenario era el idóneo por todas las iglesias que circundan la zona, no logré regresar a casa con mi objetivo personal cumplido (esas cosas pasan). Después de participar en casi la mitad de la misa oficiada en el hermoso templo de la virgen de las mercedes, salimos de allí rumbo al parque independencia (para variar).

El domingo de resurrección coincidió con la celebración del 46 aniversario de la gesta heroica encabezada por el Coronel Francisco Alberto Caamaño Deñó que procuraba el derrocamiento del gobierno dictatorial del Dr. Joaquín Balaguer en el cual habían muerto muchos jóvenes revolucionarios de la época. El Coronel, de nobles ideales y profundo compromiso patriótico cayó abatido junto con otros compañeros el 16 de febrero de 1973 combatiendo contra los miembros del ejército nacional del entonces régimen.

Al pie de la figura en bronce del Coronel Caamaño que se encuentra al inicio de la calle el conde y hace frente con el altar de la patria, nos encontramos con una gran multitud de hombres y mujeres reunidos por los actos conmemorativos del 24 de abril como cada año. Los imaginé a todos seguidores u homólogos de su desaparecido líder, unidos por aquellos pensamientos patrióticos que buscaban el bien común para todos.

No obstante, tan pronto me integré al conglomerado para conocer mas sobre ellos, me di cuenta que existían líneas divisorias que solo lograban acusarse entre ellos mismos y reclamarse entre otras cosas, la autenticidad de quien hizo y quien no, o cuales junto a Caamaño fueron los verdaderos nombres de la hazaña heroica.

También había autoridades del gobierno que se dirigían tanto a la prensa como a los demás presentes. Las quejas del grupo de ex combatientes se escucharon más que las virtudes que adornaron al Gral. Caamaño y que definitivamente debían ser mencionadas en el discurso de cualquier representante oficial.

La protesta la escenificaron de una forma muy original. Representaban su inconformidad con el gobierno con un bobo en la boca y con las manos encadenadas. Reclamaban dentro de lo poco que pude escuchar, más atención de las autoridades de turno, el reconocimiento de su lucha patriótica. Ciertamente, su aspecto humilde y la notoria carencia de necesidades básicas no cubiertas eran un silente, pero al mismo tiempo un grito a voces.

Por mis adentros me preguntaba…Qué sentiría el Coronel si pudiera oírlos o verlos? Qué le reclamaría a ellos? Por lo pronto, yo les cuestionaría de este modo:
Dónde guardaron el pensamiento de su héroe? Dónde enterraron sus ideales? En la misma caja del fusil oxidado o quedaron prisioneras en el marco de una foto de ellos con el arma en mano?

Estoy segura que el hombre que entregó su vida, no solo la dio por un derrocamiento de un gobierno de la época sino que sus motivos para luchar iban más allá de aquellas injusticias del momento. Buscaban devolver a la patria y a sus ciudadanos la independencia trinitaria ganada con el honor y la sangre de nuestros primeros héroes.

Por qué parece que se quedaron en el tiempo? Qué solo se dedicaron en recordar para sí mismos su propia historia? Por qué aparenta que no regaron la semilla revolucionaria, la visión y la pasión de su líder a la nueva generación que les sucediera? Por qué hoy no tenemos las agallas de luchar como ellos? Por qué no heredamos su valor y el mismo amor por la soberanía?

Por qué hoy somos como almas que deambulan, como perros vacunados contra la rabia, como títeres mudos o maniquíes sin sangre? Qué lienzo nos tapó la boca? Con qué nos han anestesiado hasta el punto de permitir que hoy todos los gobiernos hacen con el pueblo LO QUE LES DA LA GANA?

Dónde fue que sembraron los ideales de Caamaño?
Quién nos robó la voz?

1 comentario:

El Mamey dijo...

Yo siempre he envidiado a la generación antes que la mía, que sí tuvo héroes e ideales.

Qué jodienda...